VALLADOLID, 6 de noviembre.
En un giro significativo en el ámbito judicial, la Audiencia de Valladolid ha decidido absolver a A.P., un hombre acusado de utilizar insultos racistas hacia una camarera en una sidrería de la ciudad. La acusación sostenía que A.P. empleó términos despectivos, incluyendo "puta negra", en respuesta a la tardanza en la entrega de su pedido de zamburiñas.
A pesar de que la Fiscalía había solicitado una pena de un año y tres meses de prisión por presuntas ofensas discriminatorias, el tribunal ha concluido que no se ha demostrado la culpabilidad del acusado. Según fuentes jurídicas, el tribunal argumentó que "no hay evidencia que confirme que A.P. haya proferido tales insultos", lo cual se fundamenta en la falta de testimonios que apoyen la versión de la denunciante.
Los jueces señalaron que la denunciante, aunque afirmaba haber estado rodeada de testigos durante el incidente, no logró presentar a ninguna persona que corroborara su relato. Además, el fallo judicial destacó que el informe policial no hacía mención alguna de los insultos racistas que se alegaban posteriormente.
Por otro lado, la fiscal del caso sostenía que la conducta del acusado estaba suficientemente probada, a pesar de su insistencia en que solo había calificado a la camarera como "maleducada". Cabe destacar que la esposa de A.P. retiró los cargos de lesiones que había interpuesto contra él y otros implicados en una pelea que ocurrió el mismo día, lo que dejó a A.P. como el único acusado en el banquillo.
Durante el proceso, A.P. relató que la noche del incidente, él y su esposa, junto a amigos, esperaban su pedido en la sidrería 'Los Guajes'. Tras una larga espera, se levantó para preguntar sobre la orden y fue entonces cuando la camarera le respondió de manera negativa, generando un conflicto entre ambos.
El acusado afirmó que su interacción se limitó a expresar su descontento, solicitando una hoja de reclamaciones tras recibir comentarios despreciativos en respuesta a su consulta. Detalló que solo había calificado a la camarera de “maleducada” y negó haberla insultado de ninguna otra forma.
Posteriormente, A.P. completó la hoja de reclamación y logró una devolución parcial del dinero abonado, pero no ofreció detalles sobre el altercado que siguió a esta interacción. Los testigos que acompañaron a A.P. corroboraron su versión de los sucesos sin que la camarera pudiera presentar pruebas sólidas en su contra.
La camarera, identificada como K.I.N.B., sostuvo que A.P. fue el principal agresor verbal, describiendo cómo había recibido varios insultos antes de que se interrumpiera la situación. Ella mencionó que estos insultos habían tenido un impacto emocional significativo en su vida, causándole un estado de ansiedad que le impedía trabajar con normalidad.
K.I.N.B. aseguró que la situación se tornó peligrosa y que finalmente tuvo que recurrir al encargado del local para que interviniera. El encargado también corroboró la versión de la camarera, afirmando haber escuchado los insultos a través del teléfono durante la llamada de emergencia que realizó.
La defensa de A.P. argumentó que no se habían presentado pruebas suficientes para demostrar la culpabilidad de su cliente, solicitando la absolución, que fue finalmente otorgada. En caso de una eventual condena, la defensa había solicitado que se consideraran las dilaciones en el proceso como atenuantes.
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