• domingo 29 de enero del 2023

El creador de la desaparición y violación de la pequeña Sara no se favorecerá de la 'Ley del sí es sí'

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Fue culpado a prisión persistente revisable y a un grupo de penas que suman 22 años de prisión

VALLADOLID, 22 Dic.

La Audiencia de Valladolid ha resuelto que Roberto H.H, culpado a prisión persistente revisable por el homicidio y violación de la pequeña Sara, de 4 años, en el mes de agosto de 2017 no figurará en la lista de los adjudicatarios por las rebajas como condena en razón de la app de la polémica Ley de Garantía Integral de la Libertad Sexual, mucho más famosa como la 'Ley del sí es sí'.

La resolución de la Sección Segunda de lo Penal de la Audiencia Vallisoletana, a la que tuvo ingreso Europa Press en fuentes jurídicas, se genera una vez que el órgano que condenó a la pareja en el mes de junio de 2019, tras el pertinente juicio con jurado habitual, evacuara solicitud a las partes presentadas en la causa y recibiese la negativa por contestación tanto de la fiscal del caso como de la acusación habitual, ejercida por la Asociación Clara Campoamor, ya que estiman que esa reforma no es de app al reo en tanto que a éste se le impuso la máxima pena.

Su defensor no se había llegado a vocalizar convencido de la imposibilidad de que su cliente, culpado a prisión persistente revisable y el añadido de otras penas que suman 22 años de prisión, consiguiera una rebaja por el delito de violación.

La sentencia de la Audiencia de Valladolid fue ratificada en el mes de noviembre de 2019 por el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León en la situacion de él, si bien aplicó una rebaja de quince años a su pareja y madre biológica de la víctima, Davinia M.G, cuya condena pasó de 28 años a 13 años de prisión.

Con posterioridad, en el mes de mayo de 2020 fue el Supremo el que confirmó esa condena, resolución por último mantenida en el mes de febrero de 2021 por el Tribunal Constitucional tras la resolución de éste de inadmitir los elementos de los condenados.

El origen del trágico desenlace de Sara se remonta a la relación de noviazgo que su madre Davinia inició en la época de mayo de 2017, en el momento en que aún ella proseguía conviviendo en el hogar familiar con su pareja y padre biológico de la pequeña, y de casualidad, desde ahí la víctima, de manera sospechosa, empezó a sufrir toda clase de lesiones, golpes y hasta alguna quemadura.

No fue hasta el día 11 de julio de 2017 en el momento en que la madre, una militar destinada en el Palacio Real de Valladolid, decidió llevar a la pequeña al Servicio de Pediatría del Hospital Campo Grande para ser atendida de un fuerte hematoma en los labios y allí los facultativos, alertados por la proporción de lesiones hallados en todo el cuerpo de Sara, activaron el protocolo de pésimos tratos.

"Tenía el culete, verdaderamente, cosido a hematomas", ha dicho gráficamente en el juicio una médico que la atendió. Sin embargo, los Servicios Sociales de la Junta no han recibido el encargo de Fiscalía de comenzar una investigación, por correo ordinario, hasta el día 25 del mismo mes, prácticamente quince días después.

La entrevista que los gobernantes de la Junta sostuvieron al día después con Davinia y las pequeñas ahora les logró dudar, más allá de que no consiguieron regresar a sostener encuentros con ellas gracias a las largas dadas por la madre y no lograron que los días 28 de julio y 1 de agosto les franqueara la puerta del hogar.

Para en el momento en que el día 2 de agosto las especialistas de los Servicios Sociales llamaron a Davinia por teléfono para transmitirle que se hacían cargo de la tutela de Sara, ahora era tarde.

Del otro lado del teléfono la madre les advirtió entonces de que su hija yacía intubada, en muerte cerebral, en la UCI pediátrica del Clínico Universitario, donde murió al día después gracias a un traumatismo craneoencefálico sufrido fruto del viable zarandeo y golpeo de la cabeza de la pequeña con una área roma.

La autopsia practicada objetivó ahora entonces una multiplicidad de lesiones, peculiaridades del llamado 'síndrome del niño apaleado', con moratones de diferente evolución por todo el cuerpo que, según concluyeron los forenses, no eran eventuales, tal como evidentes muestras de haber sufrido una violación anal y vaginal, no consumada completamente gracias a la constitución anatómica de la víctima.

Al lado de los rastros de la autoría por la parte de Roberto, las acusaciones agregaron los whatsapp intercambiados entre los acusados reveladores de la "obsesión" que él tenía por la víctima ("Sara es mía" o "la comeré el culete"); su oposición a que fuera atendida por médicos, el "miedo" que infundía el acusado a Sara o la "extrema tristeza" que ésta mostraba en las últimas fotografías antes de fallecer, coincidiendo con la entrada de su presunto verdugo en la vida de la madre.

Como vestigios objetivos de la responsabilidad de Roberto, las acusaciones enumeraron en el juicio dado que era el único adulto que había en la vivienda, el mechón del pelo de Sara hallado en el pantalón corto que el acusado utilizaba en forma de pijama y, más que nada, los restos biológicos encontrados bajo las uñas de la pequeña, prueba mucho más que visible de que ésta trató de defenderse sin éxito, más allá de que esa pelea quedó asimismo reflejada con apariencia de raspones en las manos y antebrazos del presunto creador del delito.

Entre los móviles inteligentes del delito figura el odio que, presuntamente, Roberto sentía hacia la gente de origen rumano--era simpatizante del conjunto neonazi Juventud Nacional Revolucionaria--, de ahí el término denigrante de "rumanilla" con el que éste se dirigía a la pequeña.

En lo que se refiere a nuestra madre, los inculpadores, excepto la letrada del padre biológico, se presentaron concluyente al asegurar, en expresiones de la fiscal, que "conocía y permitía" los pésimos tratos sufridos por la pequeña y más allá de ello "dio prioridad absoluta a su relación de pareja, antepuso su interés egoísta y jugó a la ruleta rusa con su hija".

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