• viernes 3 de febrero del 2023

La cerveza artesana de Valladolid se abre paso con una producción de forma anual de sobra de 200.000 litros

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   VALLADOLID, 26 Dic.

   La cerveza artesana de Valladolid se abre paso en el mercado con una producción que sobrepasa ahora los 200.000 litros cada un año, exporta a tres continentes y tiene reconocimiento en todo el mundo tras haber vivido una "esencial limpieza" causada por la pandemia.

   Parte importante de la pujanza y de la calidad que tienen las referencias locales hay que al impulso que desde la Diputación, y por medio de su marca de garantía Alimentos de Valladolid, se dió al campo. "Nos contribuye visibilidad y respaldo", reflexión que distribuyen las 4 compañías que están bajo el paraguas de este sello de calidad y que son Milana, La Candaja, Las Llaves de San Pedro y Secreto del Abad.

   Milana es la decana de las cervezas artesanales de Valladolid adscritas a la marca de la institución provincial. Arraigada en lo rural --la mayor parte de sus asociados y las instalaciones son de Montemayor de Pililla-- arrancó en 2012 y "con bastante esfuerzo, trabajo y también ilusión", la compañía fué medrando hasta lo que es hoy en día, una marca "completa" que pasó de las tres referencias en sus comienzos a las 25 recientes.

   "El cliente ordena a crear hasta tal punto que hacemos cervezas fugaces, de solo una producción", enseña Marcos Gómez de Pablo, entre los creadores, que apunta que Milana tiene 2 gamas de cervezas, una base, con las preparaciones "de siempre y en todo momento, menos violentas" y una "extrema", "comunmente en lata y con tecnología isobárica", "mucho más audaz" en todos las clases -stout, ipas, porter, imperial...--.

   Para la compañía de Montemayor, la evolución de la cerveza artesanal fué "muy efectiva" y, bajo su punto de vista, está enlazada a los deseos del cliente, "poco a poco más joven y con mucho más demanda". "El formato asimismo está mudando bastante. En el mercado especializado te requieren lata, que conserva bastante superior características organolépticas de la cerveza", añade Gómez de Paz que apunta que la producción de Milana ronda en este momento los cien.000 litros por año en el momento en que han comenzado con "algo menos de 20.000".

   Una marca con tradición "exportadora", en tanto que llevó sus referencias a China, Taiwan, Hong Kong, Rusia, Panamá... "Hay futuro en este ámbito por el hecho de que representamos el uno por ciento del consumo de cerveza y solo tenemos la posibilidad de medrar", sigue para admitir que las compañías pequeñas tienen que "diversificar". "Contamos Milana, hacemos cerveza para nosotros y para otros, disponemos 2 bares uno en Montemayor y otro en la calle Paraíso en los que ofrecemos importancia a nuestras cervezas, y además de esto organizamos un festival de música que desplaza cientos de personas y es otra de las patas de negocio con las que ofrecemos seguridad y sentido al emprendimiento", señala.

   De la decana, a la novel, 'La Candaja'. Acaban de cumplir su primer año tras haber nativo de la época mucho más dura del confinamiento y está compuesta por 2 hermanos, Adrián y Nelson Paz Díaz, y Juan Fernández, amigo de los dos. "Comenzamos a vender a amigos y familiares y después de manera profesional", cuenta Adrián Paz, colega y gestor.

   De su arraigo y también identificación con todo cuanto es "Castilla" nació la denominación de la marca que un año y un mes después tiene una producción que se acerca a los 8.000 litros. Ofrece variedades que van desde las Ipas -inglesa, de america, afrutadas-- , a las rubias - "mucho más comercial pero con un toque de avena y lupulado"-- y las Imperial Stout, "con un toque de vainilla" que le da "personalidad".

   El propósito es continuar "medrando", en tanto que por ahora son 'nómadas' --fabrica en múltiples compañías, entre ellas en la Milana--. En este sentido Paz Díaz advierte de que el mercado es "nuevo", pero "cuesta" ingresar en él puesto que el cliente está habituado a tomar fabricantes "comerciales".

   Por su lado, el encargado de Las Llaves de San Pedro, José Luis Cano, ha amado explotar la localización de San Pedro de Latarce, un "punto estratégico" entre localidades con "tirón turístico" como son Urueña, Rioseco, Toro y Benavente (Zamora), para fijar allí su compañía y medrar, de a poco, desde 2013. Primero con lotes "pequeñísimos" y con la meta de llegar a un mercado local y "muy principiante", para superar a otro "muy profesional" como es el presente, con estilos " noticiosos" que les transporta a llevar a cabo 20.000 litros.

   Más allá de que la iniciativa inicial era llevar a cabo cosas "muy recientes y que llamasen la atención" el retroalimentación con el cliente les llevó a llevar a cabo una cerveza rubia "con un toque artesano". También generan torradas y negras, ésta última con múltiples premios de todo el mundo, y también Ipas con exportaciones a Estados Unidos y Puerto Rico, más allá de que, tras la pandemia, se centran, más que nada, en "fijar marca" en España.

   Para Cano el reto de una compañía situada en el medio rural es "llegar al enorme público y perder temor". "Absolutamente nadie se cuestiona la calidad de un vino pues se lleve a cabo en el planeta rural, el ejemplo lo disponemos con los Riberas del Duero. Nosotros asimismo lo hacemos con las cervezas y la multitud debe asumir que hay cosas de casa tan buenas o mucho más que las que tienen la posibilidad de hallar en cualquier autoservicio", añade.

   Sobre la situación del mercado, ten en cuenta que en los últimos años se han vivido 2 crisis económicas y una pandemia. "Procurar medrar, regularte, ocupar cuota de mercado... son bastantes frentes que tapar en el momento en que eres, además de esto, emprendedor", arguye. En este sentido, Cano hizo un alegato en pos de los modelos de Valladolid. "Me agradaría que la multitud no tuviese temor a los artículos de aquí. La provincia tiene un catálogo muy fuerte alimenticio, gastronómico y turístico y desde aquí puedes sentirte relajado, orgulloso, consumir y gozar de lo que te proponen tus vecinos", concluye.

   'Cocinar' en el hogar asimismo está en la génesis de El Secreto del Abad, entre las fabricantes que ha subsistido al 'boom' de la cerveza artesanal y que se ha abierto un hueco en el mercado con sus referencias.

   Un despido improcedente unió a sus 2 asociados, Julio Ortega y Roberto Fernández, y marcó el comienzo, en 2013, de esta compañía que genera "a demanda" entre los 7.000 y los diez.000 litros por mes y que, de la misma pasa con Milana o Las Llaves de San Pedro, ha buscado diversificar su negocio para subsistir. "Arrancamos con nuestras primeras cervezas, una Saison y la Abadía que es el buque insignia de la marca", recuerda Julio Ortega que, desde el momento en que aterrizaron en el ámbito apostó por preparaciones que no hacen el resto. "Más que nada estilos belgas, por el hecho de que todos están muy locos con las Ipas", añade.

   Ortega es siendo consciente de que tras el boom de 2015, con mucho más de doce fabricantes en Valladolid y 800 microcervecerías en todo el país, hubo una "limpieza esencial". "Hay que sugerir calidad por el hecho de que es un producto diferente. La pandemia hizo bastante daño y se quedaron las factorías mucho más poderosos, las que mucho más calidad o mejor marketing hemos brindado", ha argumentado.

   Al hilo de estas expresiones, explicó que las considerables distribuidoras se dieron cuenta de que hay que realizar "cultura de cerveza" para, eso sí, lamentar que el campo no tenga exactamente la misma cuenta que el vino. "Esta completamente subvencionado y la cerveza no, nos llega una asistencia mínima", profundiza para matizar que la distribución es otro hándicap puesto que, a su juicio, no se "apuesta" por este producto", apunta.

   Por eso haya apostado por tener su "punto de venta de distribución", un Brewpub situado en La Victoria que, al mismo tiempo, es donde 'cocinan'. Además, dentro de poco, servirá asimismo de punto de acercamiento para los fanáticos de la cerveza artesanal con organización de catas y visitas a las instalaciones.

   Una fórmula que compensa la poca presencia en los canales hosteleros, donde más allá de que la mayor parte tiene una carta de vinos, pocos son los que se distinguen por tener una de cervezas. "Al hostelero se nos ha habituado al obsequio. El vino lo piensan calidad, por costoso que sea, pero la cerveza, por ahora no", concluye.

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