La dictadura franquista en Castilla y León tuvo su origen en uno de los episodios más oscuros de la historia de España: la Guerra Civil. Tras la victoria de las fuerzas franquistas en 1939, comenzó un periodo de autoritarismo que se prolongó durante más de tres décadas en la región de Castilla y León.
El dictador Francisco Franco impuso un régimen represivo y dictatorial en toda España, estableciendo un sistema de control político y social que afectó profundamente a la vida de los ciudadanos de Castilla y León. Durante este periodo, se produjeron numerosas detenciones, torturas y ejecuciones de aquellos que se oponían al régimen, así como la censura de cualquier forma de expresión contraria al gobierno.
En Castilla y León, la represión franquista se hizo especialmente intensa, con la creación de campos de concentración como el de San Marcos en León o el de Miranda de Ebro en Burgos, donde se encarcelaba a todos aquellos considerados como enemigos del régimen. Además, se llevaron a cabo numerosas ejecuciones sumarias en la región, como la masacre de La Cistérniga en Valladolid en 1936, donde fueron asesinados más de cien civiles.
La represión política no fue la única forma de control impuesta por el franquismo en Castilla y León. También se impuso una fuerte represión cultural, con la censura de libros, obras de teatro y películas que no se ajustaban a la ideología del régimen. Muchos intelectuales y artistas fueron perseguidos y obligados al exilio, lo que supuso una pérdida irreparable para la cultura de la región.
Además de la represión política y cultural, la dictadura franquista tuvo un impacto devastador en la economía y la sociedad de Castilla y León. La política económica del régimen se basaba en un modelo autárquico y proteccionista, que favorecía a los grandes terratenientes y empresarios, en detrimento de los trabajadores y los pequeños agricultores.
La industrialización de la región se vio limitada por la falta de inversión y la ausencia de políticas de desarrollo económico, lo que provocó un estancamiento en el crecimiento y un aumento del desempleo y la pobreza en Castilla y León. Además, la represión sindical y la prohibición de cualquier forma de organización obrera dificultaron la defensa de los derechos laborales.
A pesar de la fuerte represión, en Castilla y León surgió una resistencia activa al régimen franquista. Numerosos grupos clandestinos, como el Partido Comunista o la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), organizaron acciones de sabotaje y protesta contra el gobierno autoritario de Franco.
Además, en la década de los 60 y 70 se produjo un resurgimiento del movimiento obrero en la región, con huelgas y manifestaciones que exigían mejoras laborales y sociales. La oposición al franquismo fue especialmente fuerte en ciudades como Valladolid, León o Burgos, donde se concentraba un importante tejido industrial y obrero.
La muerte de Franco en 1975 marcó el inicio de la transición a la democracia en España. En Castilla y León, se vivieron momentos de gran efervescencia política, con la creación de nuevos partidos políticos y la movilización ciudadana en defensa de las libertades democráticas.
En las primeras elecciones democráticas celebradas en 1977, los ciudadanos de Castilla y León demostraron su deseo de cambio, votando mayoritariamente a partidos de izquierda que representaban una ruptura con el pasado franquista. La región empezó a recuperar la normalidad democrática, superando las secuelas de la dictadura y construyendo un futuro basado en la libertad y la justicia social.
A pesar de haber transcurrido más de cuarenta años desde la muerte de Franco, la huella de la dictadura en Castilla y León sigue presente en la memoria colectiva de sus habitantes. Muchas familias todavía recuerdan con dolor a sus seres queridos que fueron víctimas de la represión franquista, y la falta de reconocimiento de las víctimas del franquismo sigue siendo una asignatura pendiente en la región.
Además, la falta de políticas de memoria histórica ha impedido una reconciliación plena con el pasado, perpetuando la impunidad de los crímenes del franquismo y dificultando la reparación de las víctimas. A pesar de ello, cada vez son más las iniciativas que buscan recuperar la memoria histórica de Castilla y León, homenajeando a aquellos que lucharon por la libertad y la justicia durante la dictadura.