La Orden del Císter, también conocida como Orden Cisterciense, fue fundada en el siglo XI en Francia, en la abadía de Cîteaux. Sus fundadores, Roberto de Molesmes y Alberico de Cîteaux, buscaban regresar a la simplicidad y austeridad de la Regla de San Benito, lejos de la opulencia y corrupción que se había extendido en las órdenes monásticas de la época.
La Orden del Císter se expandió rápidamente por Europa, llegando a la península ibérica a mediados del siglo XII. En 1140 se fundó el primer monasterio cisterciense en la región de Castilla y León, el Monasterio de Fitero en Navarra, seguido por la fundación de otros importantes monasterios cistercienses como Santa María de Huerta en Soria, Santa María de La Vid en Burgos, y Santa María de Valbuena en Valladolid.
La Orden del Císter se caracterizaba por su estricta observancia de la Regla de San Benito, así como por su énfasis en la agricultura y la autosuficiencia. Los monjes cistercienses vivían una vida sencilla, dedicada a la oración, el trabajo manual y la lectura de las Sagradas Escrituras.
La organización interna de la Orden del Císter estaba basada en la figura del abad, quien era elegido por los propios monjes y tenía autoridad sobre todos los aspectos de la vida monástica. Los monasterios cistercienses se regían por la filosofía de la "pobreza evangélica", lo que implicaba la renuncia a bienes materiales y la búsqueda de la sencillez en todos los aspectos de la vida.
La influencia de la Orden del Císter en la región de Castilla y León fue profunda y duradera. Los monasterios cistercienses se convirtieron en centros de cultura, conocimiento y desarrollo económico en la región, promoviendo la agricultura, la viticultura y la artesanía.
La arquitectura cisterciense también dejó una huella imborrable en la región, con la construcción de impresionantes monasterios de estilo gótico como Santa María de Huerta y Santa María de Valbuena, que aún se conservan en la actualidad como ejemplos de la grandeza y la sencillez de la Orden del Císter.
A lo largo de los siglos, la Orden del Císter experimentó períodos de declive y decadencia, principalmente debido a factores externos como las guerras, la peste negra y las reformas eclesiásticas. En la región de Castilla y León, muchos monasterios cistercienses fueron secularizados o desamortizados en el siglo XIX, lo que llevó al abandono y deterioro de estos impresionantes edificios.
Sin embargo, el legado de la Orden del Císter en la región perdura hasta nuestros días. Los monasterios cistercienses de Castilla y León son testimonio de una época de esplendor y espiritualidad, y continúan atrayendo a visitantes y peregrinos que buscan conocer la historia y la belleza de estos antiguos lugares de culto.
En resumen, la influencia de la Orden del Císter en la región de Castilla y León ha sido significativa y perdurable, dejando un legado de cultura, conocimiento y desarrollo económico que aún se puede apreciar en la actualidad. Los monasterios cistercienses son verdaderos tesoros de la historia y la arquitectura de la región, que nos recuerdan la importancia de la sencillez, la dedicación y la fe en la vida monástica.