La muerte de Felipe III y la llegada al trono de su hijo, Felipe IV, marcaron un punto crucial en la historia de España y en especial en la historia de Castilla y León. Felipe III, conocido por su gobierno conservador y su apoyo a la Contrarreforma, dejó un legado complicado a su hijo que tendría que enfrentar una serie de retos políticos y sociales durante su reinado.
Felipe III accedió al trono de España en 1598, tras la muerte de su padre, Felipe II. Durante su reinado, España vivió un periodo de relativa estabilidad, pero también de decadencia política y económica. Felipe III continuó la política de su padre de defender el catolicismo y reprimir cualquier forma de disidencia religiosa.
Además, durante su reinado se produjo la famosa expulsión de los moriscos en 1609, un acto que tuvo graves repercusiones en la economía y la sociedad española. A pesar de estos problemas, Felipe III gobernó con mano firme y logró mantener la unidad del reino durante su reinado.
En 1621, Felipe III falleció a la edad de 42 años en Madrid, dejando el trono en manos de su hijo, Felipe IV, que en ese momento tenía solo 16 años. La muerte de Felipe III fue un acontecimiento trágico para España, ya que suponía el fin de una era y el comienzo de un periodo de incertidumbre.
El reinado de Felipe III estuvo marcado por la influencia de su valido, el Duque de Lerma, quien ejerció un gran poder durante su gobierno. Con la muerte de Felipe III, se abrió la puerta a nuevos cambios en la corte y en la política española.
Tras la muerte de su padre, Felipe IV ascendió al trono de España en un momento de gran agitación política y social. A pesar de su juventud, Felipe IV se vio obligado a tomar las riendas del gobierno y a enfrentarse a los numerosos desafíos que se le presentaban.
Uno de los principales problemas a los que se enfrentó Felipe IV fue la guerra de los Treinta años, un conflicto que involucró a gran parte de Europa y que tuvo graves consecuencias para España. Durante su reinado, también se produjo la revuelta de Cataluña y la insurrección de Portugal, lo que puso a prueba la capacidad de Felipe IV para gobernar.
A pesar de estos obstáculos, Felipe IV logró mantener la integridad del reino y preservar la influencia de España en Europa durante parte de su reinado. Sin embargo, su gobierno estuvo marcado por la corrupción, la ineficacia y la decadencia, lo que eventualmente llevó al declive del imperio español.
La muerte de Felipe III y la llegada al trono de su hijo, Felipe IV, marcaron un antes y un después en la historia de España. Ambos monarcas tuvieron que hacer frente a una serie de retos políticos y sociales durante sus reinados, que contribuyeron al declive del imperio español en Europa.
A pesar de los esfuerzos de Felipe IV por mantener la unidad del reino, su gobierno estuvo marcado por la corrupción y la ineficacia, lo que finalmente condujo al fin de la hegemonía española en el continente. A través de este período de la historia de Castilla y León, podemos comprender mejor las complejidades de la política y la sociedad española en el siglo XVII.